“Duerme como un bebé”: JAJA (post personal ¡y largo!)

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Creo que puedo decir sin equivocarme que en algún momento de la vida de los padres EL tema a enfrentar/resolver/discutir/lidiar es el de cómo hacer dormir a sus bebés (¡o cómo hacer que sigan durmiendo!). Que colecho es lo que hay que hacer vs. el colecho es un horror, “Duérmete niño*” es lo más vs. “Duérmete niño” es LO PEOR y traumás de por vida a tu bebé. Como en todo lo referente a los chicos, hay mil teorías. Y todas muy distintas ¡y extremas!

Creo que cada uno hace lo que siente que es lo correcto y lo que a uno le funciona. Conozco familias que duermen todos juntos (¡algunos con 3 hijos!) y son felices. Otros que acuestan a sus hijos a las 12 de la noche y les funciona. Otros que los acuestan en su cama y después los pasan a sus cunas. A mí me sirve tener las noches libres de niños para poder comer con mi marido y charlar nosotros, y en lo posible, tener la cama para nosotros dos.

Con ese objetivo en mente, yo probé muchas cosas. Con mi primer hijo, empezamos desde bebé a instalar una rutina diaria: a las 19:30 empezar a bañarlo, después darle de comer, llevarlo a su cuarto, leerle un cuento y acostarlo a dormir. Y funcionó perfecto hasta los 6 meses: ahí se empezó a despertar. Aplicamos lo que dice el Dr. Estivill en “Duérmete niño” (sí, lo dejé llorar, soy de esas). Pero no nos funcionó. Terminamos durmiendo todos en nuestra cama, no por creer en el colecho, sino por creer firmemente que dormir es importante para el normal funcionamiento de una persona. Hasta que dijimos “basta” y empezó la reeducación: una adaptación del “Duérmete niño” a lo que nosotros nos parecía (ya podíamos más o menos determinar si lloraba porque le pasaba algo o por puro capricho). Y durmió. Hasta que quedé embarazada de mi hija y otra vez empezaron las alteraciones del sueño. No sé cómo nos animamos a un segundo bebé 😉

Pero esta vez no volvimos a dejarlo llorar. Empezamos a leer otro libro, “¡Vamos a dormir!“, del pediatra argentino Martín Gruenberg, que no está de un lado o del otro sobre el dejarlo llorar, sólo dice que con un método se aprende más rápido mientras que con el otro tarda más. Y lo interesante para mí es que habla sobre el sueño en cada momento de la vida del bebé/chico (incluso va hasta la adolescencia). Cuáles son los ciclos, las etapas. Qué esperar. Y además uno puede leer el capítulo correspondiente a la edad de su hijo y aplicar los consejos ahí descriptos, sin necesidad de leerse todo el libro. Muchas de las cosas que decía el Dr. Gruenberg nosotros ya lo aplicábamos, como la rutina diaria, como -después de los 3 meses- tratar de no levantar al bebé de la cuna cuando llora (a menos que esté enfermo, claro), y si no hay más remedio y lo tenemos que levantar, no sacarlo del ambiente que está a oscuras preparado para dormir.

Con una mezcla de todas las cosas, sumado a que creció, ahora, a los 4 años, duerme bien. Después de la leída del cuento se queda en su cama y se duerme sin problemas. Ocasionalmente se despierta a la madrugada porque quiere ir al baño, pero vuelve a su cama y sigue durmiendo. Y con mi hija aplicamos la misma rutina y se adaptó perfecto, durmiendo incluso mientras su hermano lloraba (comparten cuarto). Recién ahora a los dos años protesta un poco, poquísimo, a la hora de acostarse, pero se queda dormida igual. Es verdad que cada chico es diferente.

Hasta el día de hoy no tengo un “sistema”. Estoy esperando mi tercer hijo y no sé qué es lo que va a pasar. Lo que sé es que creo firmemente en la rutina, y la voy a aplicar como sigo aplicándola (con la ocasional excepción de fin de semana). Creo que tienen que saber que hay un horario para irse a dormir (que puede atrasarse o adelantarse según las circunstancias, pero que para mí es entre de las 8 y las 9). Y que tienen que dormir en su cama. Ahora sé que siempre van a tener despertares, alguna que otra noche se van a pasar a mi cama, y para mí eso está bien. Puedo convivir con eso. Porque si es aislado yo creo que en algún momento dejan de hacerlo. Pero lo importante es que saben que llega un momento en el que hay que acostarse, y que cada uno lo hace en su cama. Pero también creo que si están enfermos todo vale, y si tienen miedo siempre son bienvenidos con nosotros.

Creo que es verdad que cada chico es diferente, y la situación de cada chico es diferente, por eso la manera de encarar el tema puede variar. Además de sus personalidades, mi hija tenía un hermano con quien dormir, por eso tal vez no le costó tanto.Y mi hijo tenía padres primerizos.

¿A ustedes qué les sirve? ¿Qué técnicas usan a la hora de dormir? ¿Leyeron alguno de estos libros? ¿Otros?

Pensando que el sueño es el tema de todo padre, en Mémini hicimos una almohada para incorporar a la rutina del sueño. Viene con un muñequito y un bolsillo donde “acostarlo” a la hora de irse a dormir. Así, mediante el juego, aprenden. La pueden conseguir en la tienda online.

Caro

*El método “Duérmete niño”, explicado muuuy fácil y resumido consiste en dejar llorar al bebé en intervalos, primero cortitos y después más largos.

Imagen del Instagram de @whatforbreakfast.

Todo gira alrededor de mi bebé (una experiencia personal sobre el puerperio)

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El otro día hablaba con una amiga sobre la etapa del puerperio, y cómo cambia nuestra forma de percibir el mundo, y percibirnos. Ella tenía que volver a trabajar después de su licencia por maternidad, y hablábamos de lo duro que es separarnos de nuestros hijos a los pocos meses.

Pensaba que la etimología nos ayuda a ver súper claro qué es lo que nos pasa en el puerperio. “Puer” es “niño” en latín. Y “peri” es “alrededor”. O sea que la etapa del puerperio es un momento de nuestra vida en la que todo transcurre alrededor del niño.  Nosotras “transcurrimos” alrededor del bebé.

Si lo pienso en formas, creo que el embarazo es tener esa panza enorme y redonda con un bebito adentro (ya es raro, no me digan!), y el puerperio es transformarme yo en un círculo que lo abraza y contiene si es posible 24×7.

El bebé y yo, abrazados en un círculo, y sin mucho lugar para algo más. Durante esta etapa creo que cambié, que este es mi nuevo yo, y que no sé cómo voy a volver a interesarme alguna vez en las cosas que me interesaron siempre. ¿El trabajo? ¿Mi pareja? ¿Estar bien yo? Ni idea. Me da vergüenza ponerlo así, pero realmente, ni idea.

Y de repente, o no de repente porque es más un proceso, vuelvo a ser más o menos quien siempre fui. El círculo se abre un poco, y mi hijo empieza a independizarse de mí, y yo de él, y lo adoro con locura, pero además reconozco que sigo siendo una persona :).

Seguro que los libros dan un tiempo exacto de duración para esta etapa. Yo creo que el puerperio dura para cada mujer e incluso para la misma mujer con cada hijo, un tiempo diferente. En mi caso, con el primero creo que duró más o menos 9 meses, y con el segundo, que tiene 6 meses, noto que tal vez está terminando. ¿Será que hago más rápido el proceso porque ya lo reconozco, por eso de que “el cuerpo tiene memoria” que te dicen tanto con el segundo hijo?

En Mémini creemos que está bueno compartir ideas sobre la maternidad, sumarnos a ese círculo de mujeres que compartimos temas, y ponerle palabras a esta experiencia tan visceral que es ser madres. Ojalá nos cuenten cómo lo viven ustedes, las queremos escuchar 🙂

Un beso y hasta la próxima!

“Al pediatra lo elegí con google maps”

 

pediatraEn los últimos meses de embarazo me recomendaron que eligiera al pediatra para mi hijo y que lo fuera a conocer. Hasta ese momento, mi relación con los diferentes médicos que me atendían era lo que yo creía “normal” (tema para otro posteo: todas las nociones de normalidad que cambian con la maternidad, ja). Controles periódicos con el oftalmólogo, ginecóloga, un clínico cada tanto… Y lo que más valoraba, como la persona práctica y ocupada que soy, era esperar poco en el consultorio y punto.

Así que al pediatra lo elegí con google maps. De las opciones disponibles en la cartilla de mi plan médico, me fijé el que quedaba más cerca (cinco cuadras) y allá fui a conocerlo. Me pareció un tipo amable, y listo. Quedó elegido.

Me imaginaba ir caminando en tardes de sol con mi bebé en el cochecito, paseando, los dos felices, y no me importaba mucho más. Después, la realidad me mostró que no todas las tardes son de sol, a veces los chicos se enferman y yo no dormí, y todo puede ser bastante negro. Y está bueno que el pediatra esté cerca geográficamente pero más importante es que sea paciente, que se tome el tiempo de explicarme las cosas, que tenga una secretaria con buena onda y una agenda con muchos turnos. Que tenga mucha experiencia, adquirida con muchos pacientes (algunos veo de ventipico que siguen yendo) y también con muchos hijos y nietos propios. Que la frase que más le escucho sea “es normal” (ante mis preguntas sobre por qué no come, por qué no duerme, por qué se enfermó si yo lo abrigué, por qué, por qué, por queeeeeeee).

Ahora mi hijo mayor tiene dos años, el menor unos pocos meses, así que ya tenemos una “relación de años” con el (¿nuestro?) pediatra. Nunca, pero nunca, me imaginé que iba a ser alguien tan importante para mi. Ni que el pediatra iba a ser tema en las (pocas) charlas que puedo tener con mi marido (jaja). Nunca me imaginé que me iba a importar tanto su opinión sobre básicamente todo lo que pasa en las vidas de mis hijos (la comida, el sueño, el baño, el jardín!). Y nunca me imaginé que si nos mudábamos a varios kilómetros, tomaríamos la decisión de seguir con él.

Yo creía que valoraba la practicidad sobre todas las cosas, pero no sabía que además en mi nuevo rol de madre iba a valorar tanto la experiencia y la contención. Así que ahora, si alguien me preguntara, mi conclusión sería “conócete a ti mismo, y sabrás qué tipo de pediatra necesitas”.

¿Y ustedes qué valoraron al elegirlo? ¿Creen que fue una buena elección? ¿También creen que es alguien fundamental en sus vidas? Cuenten…

¡Hasta la próxima!

Vale

pd: fuente foto: http://www.acasalud.com.ar/upload/noticias/pediatra.jpg

 

 

 

 

Regalos para ellas y para ellos

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Estuvimos de cumpleaños hace unas semanas en casa y le regalamos a mi hijo una cocinita. Una tía se escandalizó: “¿Cómo una cocina? Tenés que regalarle una pelota de fútbol”. Poco importa si le fascina cocinar y si lo único que hace con la pelota es agarrarla con la mano.

Días atrás, en un encuentro para emprendedores que tuve hace algunos sábados, algunas chicas charlaban sobre cómo odian entrar a una juguetería y que les pregunten “¿para varón o para mujer el regalo?”. Y el tema volvió a aparecer cuando una clienta me dijo que eligió regalar un libro de Mémini porque justamente buscaba algo unisex, cansada de la batalla entre el rosa y el celeste.

Es así. Entrás en una juguetería (sobre todo las cadenas) y aunque no te hagan la pregunta, podés ver la división: rosa y violeta por un lado, y azul (y casi cualquier otro color) por el otro. Cuando en realidad las masas son masas, los bloques son bloques y las pelotas son pelotas. Pero pareciera que nada puede quedar sin asignar, en el medio.

Todos podemos escandalizarnos más o menos por el comentario de mi tía más arriba. Pero…¿no hacemos silenciosamente nosotros mismos estas divisiones? Levante la mano quién le regalaría un bebé en un cochecito a un varón. O un autito a una mujer…Y sí, tan lejos de mi tía no estamos, ¿no?

Para promocionar sus juguetes, la navidad pasada una marca de supermercados e hipermercados francesa decidió publicar un catálogo sin estereotipos, bajo el lema de que “No hay juguetes para varones o para mujeres. Sólo juguetes.” cuyo comercial pueden mirar acá. Me pareció genial. Y me pareció también real; mi hijo quedó fascinado por una casa de muñecas cuando entré a una juguetería para hacer un regalo. La vendedora me dijo que algunos papás la llevaban para sus hijos. ¡Qué bueno!

Yo siempre prefiero y trato de regalar cualquier juguete que ayude a la imaginación y la creatividad de los chicos, más que algo a pila. Y sumado a eso, trato de que no tenga “bajadas de línea” en cuanto a los roles: libros, cubos, masas, rompecabezas, instrumentos musicales, lápices…y todos los que venimos recomendando en el blog, básicamente 🙂 Y si a mi hijo le gusta cocinar, no veo el problema en incentivarlo.

Y en cuanto a mi hija, seguramente algún día quiera el disfraz de princesa y algún bebé de plástico, pero creo que hay una diferencia en que sea ella la que me lo pida vs. dárselos yo. Y voy a hacer todo lo posible para que esa no sea la única opción para elegir que tenga, mostrándole que hay muchas más alternativas. Porque, en mi opinión, en cuanto a las opciones, el escenario sigue siendo peor para las chicas: para ellos todo siempre parece ser más emocionante (¿escucharon sobre la carta que una chica de 7 años le mandó a Lego?).

Este es un tema complicado, y los estereotipos están muy arraigados. Pero creo que depende de nosotros, los padres, para que cambien las cosas, ¿no?

¿Ustedes qué opinan? ¿Piensan en estas cosas cuando compran regalos para chicos? Sus hijos/sobrinos/nietos les hicieron algún pedido que rompiera los estereotipos?

Caro

pd: Si quieren conseguir nuestros libros (unisex! 🙂 de los que hablamos pueden conseguirlos en nuestra tienda online o escribiéndonos a hola@memini.com.ar

Claves para discutir con nuestros hijos

 

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La vez pasada hablamos sobre el pequeño GRAN tema de las rabietas y los límites. Hoy les queríamos compartir un artículo que nos gustó mucho/pareció lógico/vamos a tratar de seguir. Además, cita a dos autoras súper conocidas (yo tengo un libro de ellas y es muy bueno), así que está casi científicamente comprobado, ja.

El original es en inglés (lo pueden leer acá), nosotras lo tradujimos y resumimos sus ideas más importantes. Para los padres de bebés o hijos en el jardín como yo, las siguientes situaciones pueden parecer súper lejanas, pero creo que  las rabietas pueden resolverse también usando estos métodos:

Tenés a un hijo llorando a mares y estás al borde de la paciencia. Es fácil responder con cualquier cosa a lo que nos diga, callándolo. Eric, de Barking up the wrong tree dice que justamente el principal error de los padres a la hora de discutir con sus hijos es negar sus sentimientos. ¿Y qué es lo que sí hay que hacer?

1. ESCUCHAR CON ATENCIÓN

Negar los sentimientos generalmente hace que las situaciones se intensifiquen. Pensemos en discusiones con nuestra pareja. Si él/ella nos dice “Me siento ignorado/a” y respondemos “No, no es así”. ¿Cuán bien nos puede ir con esa respuesta? Sí, exacto. Y lo mismo pasa con los chicos. Cuando alguien niega nuestros sentimientos naturalmente contraatacamos.  Entonces empecemos por escuchar. Nos sentimos mejor cuando nos escuchan, y a los chicos les pasa lo mismo.

“Si alguien realmente los escucha, le da la oportunidad de hablar sobre lo que les está pasando, entonces empiezan a sentirse menos confundidos, más capaces de lidiar con sus sentimientos y con el problema que están teniendo” dicen las autoras del libro “How to talk so kids will listen & listen so kids will talk” (cómo hablar para que los chicos escuchen y escuchar para que los chicos hablen).

2. RECONOCÉ SUS SENTIMIENTOS

A veces caemos en decir “Sé lo que sentís”. NO. En vez de decir que los entendés, hay que mostrarles que los entendés. ¿Y cómo se hace eso?  Parafraseando: repetir en tus propias palabras lo que ellos nos digan. No hay que estar de acuerdo con esos sentimientos (imagínense, en el futuro, los argumentos adolescentes!), pero al reconocer eso que les pasa les demostramos que estamos de su lado, y ese es el primer paso para resolver cualquier conflicto.

Entonces estamos escuchando activamente y reconociendo lo que le pasa, ahora ¿cómo hacemos para que se calme?

3. DARLE UN NOMBRE A ESO QUE LE PASA

“Etiquetar” es muy poderoso. Ver el enojo de un chico y simplemente decirle “Parece que estás muy enojado” puede hacer una gran diferencia. Y no hay que preocuparse por si usamos la etiqueta incorrecta, nos corregirán y eso les demuestra que estamos tratando de entender.

Los gritos y el llanto pararon un poco, ¿Cuál es el siguiente paso?

4. HACER PREGUNTAS

Con los adultos, el psicólogo clínico Albert Bernstein recomienda preguntar “¿Qué te gustaría que yo haga?”. A esta altura, la persona tiene que frenar y pensar. Lo que vos querés es moverte de una situación de enojo hacia la posibilidad de negociar. Obviamente que como padres no siempre podemos darles a nuestros hijos lo que quieren. A veces todo lo que podemos hacer es hacerles saber que entendés y que estás de su lado.

Pero el error de los padres es tratar de ser demasiado lógicos, lo que aleja la discusión de los sentimientos y la transforma en un debate interminable. De“How to talk so kids will listen & listen so kids will talk” : “Cuando los chicos quieren algo que no pueden tener, los adultos usualmente responden con explicaciones lógicas de por qué no lo pueden tener. A menudo cuanto más explicamos, más protestan. A veces con sólo tener alguien que entienda cuánto quieren algo hace que la realidad sea más llevadera.”

Después de escuchar, reconocer los sentimientos y etiquetar, se habrán calmado. A menudo, con eso basta para poder razonar con ellos. Pero si sigue siendo una lucha, entonces podemos usar las preguntas para encontrar una forma de descubrir y abordar la necesidad emocional subyacente del chico (“siento que no confiás en mí”) vs. negar lógicamente las demandas irracionales (“quiero salir hasta las 2am”).

Claramente van a haber situaciones en las que no tenés el tiempo (ni la paciencia) para poner en práctica cada paso. No es fácil. Pero con escuchar y enfocarse en lo que el chico siente se puede hacer una gran diferencia. Y estos principios pueden aplicarse a cualquier persona en tu vida.

Los sentimientos son complicados y por eso los evitamos. Pero cuando se trata de nuestros seres queridos, generalmente olvidamos que, a fin de cuentas, los sentimientos son  todo lo que realmente importa.

 

¿Qué les pareció? ¿Lo pondrían en práctica? Yo (con mucho control mental y paz interior) estuve tratando, y si bien no hago tooodos los pasos, ya con el primero logro un montón. ¡Espero que les haya gustado y que les sirva! Y si pueden, lean el artículo original, que es mucho más completo (y gracioso!).

Caro

La adorable etapa de los berrinches

 

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Estamos con el temita de los límites (hace rato ya; mi hijo está por cumplir 3 años). Y de las rabietas. Sí, las típicas rabietas que ves en televisión, con el chico tirado en el piso gritando, pataleando y llorando a todo volumen. Pero peores. Porque duran mucho más de lo que pensé que podían durar, y porque no hay una pausa para los comerciales. Estoy convencida de que mis vecinos me odian.

No tengo ningún tipo de consejo para dar en esta materia (que me la llevé a marzo), pero puedo compartir lo que me parecieron consejos lógicos, que encontré por la web mientras leía y leía un montón para prepararme (ilusa) para esos momentos. Yo trato de seguirlos.

  1. Las amenazas de castigos por el mal comportamiento tienen que ser posibles, reales. “Si seguís, nunca más vamos a la plaza”. Y, no. Eso es muy difícil de mantener señora. Yo digo lo que sé que voy a poder cumplir, o lo que estoy dispuesta a cumplir. Sino, ellos ya saben que lo que digas es pura espuma. Esta me sale bastante, punto para mí.
  2. Leí por algún lado que las rabietas son un actuación, y que como tal, sin público no hay actuación que valga. O sea, hay que dejarlo llorar y no darle bola. Eh, esta no es tan fácil. Soportar gritos pelados por 45 minutos se parece bastante a un método de tortura. Además, creo, hay veces en las que se puede atajar antes la situación y resolverla de otra manera. Sobre todo cuando el berrinche es más producto de una situación/sentimiento que no pueden manejar, entonces respondo con lo opuesto, ofreciendo un abrazo. Y sirve (se resiste al principio, pero sirve). Claro que a veces…muchas otras termino gritando como loca.
  3. También leí sobre no ‘proyectar’ el enojo. Estás en una casa que no es tuya, y decís algo tipo “No rompas las flores que la señora (por la dueña de casa) se va a enojar”. No. YO me voy a enojar. La señora probablemente también, pero esa no es la cuestión. Yo me enojo y yo soy la que no quiero que te portes de tal manera. Son mis guías de conducta, no de la señora. Esto me parece bueno, y trato de hacerlo siempre.
  4. Frente unido. Si en la pareja uno lo reta, el otro -ante el chico- está siempre de acuerdo. 100%, sin discusión. Después, en privado, se charla si no le pareció, si no era grave, etc, etc. Desautorizar frente al chico a cualquiera de los padres no está bueno. Esto me parece vital, así que trato de hacerlo siempre.
  5. Hacer algo en el momento. Si lo retás 5 minutos después, ya no sirve.

Estas son los 5 puntos que me parecen más generalizables, porque después hay un montón de grises. Y todo es muy personal: esto es lo que yo pienso y que a mí me sirve o trato de que a mí me sirva. Si quieren profundizar más sobre el último punto además de leer sobre otros consejos pueden leer este artículo (está en inglés). A mí me parecieron buenos, tanto que estoy pensando en comprar el libro.

¿Compran libros sobre estos temas? ¿Sirven? ¿Tienen alguno para recomendar? ¿Algún consejo a la hora de poner límites?

Caro

pd: La foto es de Unbound 365

Diferencias entre el embarazo del primer hijo y el del segundo…¿a ustedes les pasó?

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Este es mi posteo más personal hasta ahora, pero estoy llegando al final de mi embarazo y el tema ocupa todo, creo que es lógico que se cuele acá también.

Pensaba en las diferencias entre el embarazo de mi primer hijo y el del segundo, y eso quería compartir. Para ver si a todas les pasó lo mismo básicamente, me gustaría conocer opiniones y consejos.

Compras y ajuar del bebé: en el primero había averiguado todo, tenía una lista de cosas que necesitaba, había comprado ropa hasta el talle un año, había armado un tablero de pinterest para la decoración del cuarto (y lo decoré tal cual). Segundo embarazo: nada. Nace en dos semanas y no tiene nada propio, va a usar todo lo del hermano (¡tengo que ir a comprar pañales talle RN!).

Estudios médicos: en el primero tenía una carpeta con ganchos donde tenía todos los estudios ordenados por fecha, cada uno con su correspondiente agujero hecho con agujereadora. En el segundo no solo no tengo carpeta… hay algunos estudios que todavía no me hice (mi obstetra me reta un poco).

Libros, google, aplicaciones y necesidad de información: en el primero leí de todo, me bajé todas las apps y googleaba todo lo que me pasaba a cada minuto. Ahora… no.

Ganas de llegar a la semana 40: en el primer embarazo me quejaba bastante porque estaba incómoda, me molestaba la panza, no podía dormir, estaba pesada, se me hinchaban los pies… y quería que naciera el bebé “ya, ya, ya”. Ahora… me pasa todo lo mismo (no puedo dormir, me molesta la panza, estoy pesada) pero además tengo otro hijo más grande que me pide que me tire al piso a jugar, lo lleve a pasear, lo levante todo el tiempo…  Y si me dijeran que el embarazo dura un mes más diría “dale”. Porque sé que la parte más esforzada es cuando el bebé nace, el embarazo es un viaje a Disney en comparación a los primeros meses después del nacimiento.

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En fin… creo que no hace falta que aclare que en el primer embarazo estaba muy ansiosa (demasiado), y en este estoy más relajada (demasiado?). Solo hay un tema que me genera bastante ansiedad, que es cómo va a ser la interacción entre los dos chiquitos, si el mayor se sentirá afectado por la llegada del nuevo, y cómo voy a hacer para que lo impacte lo menos posible, para que podamos seguir teniendo nuestros momentos de juegos, lecturas y paseos que disfrutamos tanto.

¿Y ustedes? ¿Cómo lo vivieron? ¿Consejos? ¿Ideas?

Vale

Regalemos más juego

foto blog

Generalmente, cuando hay que hacer un regalo a un recién nacido o un bebé chiquito la mayoría elige ropa. Salvo excepciones que por supuesto se dan y mucho, esa es la regla general. Hoy desde Mémini queremos proponer que regalemos más juguetes y libros a los más chiquitos. Acá tres porqués:

1) Porque el juego debería ser la actividad principal de un bebé mientras está despierto casi desde que nace, como ya contamos en este post. El otro día en un cumple de un año escuché a una tía de la homenajeada decir “no le compré un juguete porque es tan chiquita, todavía no entiende”.

¡Entienden! Juegan, y necesitan hacerlo, desde que son minis. Al principio el juego es muy simple: mirar, reconocer algunas formas y colores, explorar texturas, escuchar música suave. Después, y muy rápidamente, el juego se empieza a hacer cada vez más complejo.

2) Porque cuando regalamos un juguete o un libro para un chiquito en realidad le estamos dando una herramienta a los adultos que van a jugar con él. Una herramienta para pasar tiempo juntos, disfrutar y generar momentos de apego, que es la parte más nutritiva e interesante del juego al menos al principio.

Durante muchos meses, los bebés no juegan solos, y muchos adultos sin experiencia no sabemos qué tenemos que “hacer” aparte de darles de comer, cambiarlos, bañarlos y hacerlos dormir. Un juguete o un libro aportan ideas, actividades para hacer juntos y momentos divertidos para todos.

3) Porque los juguetes y libros preferidos quedan en el recuerdo para siempre… al menos en el recuerdo de los padres! Aunque las preferencias de los bebitos cambian muy rápido, no nos olvidamos nunca de esos juguetes que nos regalaron las primeras sonrisas, gorjeos o aplausos de nuestros hijos. (En nuestro caso, una rana verde con diferentes canciones y un librito de plástico para leer juntos en el baño fueron las estrellas durante los primeros meses de Toby).

Así que la propuesta de Mémini es que regalemos más juego. Aporta tanto a la vida del bebé y de su familia, que ojalá al menos lo consideremos cuando tengamos que hacer un regalo.

¿Y ustedes qué opinan? ¿Qué suelen regalar? ¿Cuáles fueron los regalos más lindos que recibieron cuando nacieron sus hijos?