“Al pediatra lo elegí con google maps”

 

pediatraEn los últimos meses de embarazo me recomendaron que eligiera al pediatra para mi hijo y que lo fuera a conocer. Hasta ese momento, mi relación con los diferentes médicos que me atendían era lo que yo creía “normal” (tema para otro posteo: todas las nociones de normalidad que cambian con la maternidad, ja). Controles periódicos con el oftalmólogo, ginecóloga, un clínico cada tanto… Y lo que más valoraba, como la persona práctica y ocupada que soy, era esperar poco en el consultorio y punto.

Así que al pediatra lo elegí con google maps. De las opciones disponibles en la cartilla de mi plan médico, me fijé el que quedaba más cerca (cinco cuadras) y allá fui a conocerlo. Me pareció un tipo amable, y listo. Quedó elegido.

Me imaginaba ir caminando en tardes de sol con mi bebé en el cochecito, paseando, los dos felices, y no me importaba mucho más. Después, la realidad me mostró que no todas las tardes son de sol, a veces los chicos se enferman y yo no dormí, y todo puede ser bastante negro. Y está bueno que el pediatra esté cerca geográficamente pero más importante es que sea paciente, que se tome el tiempo de explicarme las cosas, que tenga una secretaria con buena onda y una agenda con muchos turnos. Que tenga mucha experiencia, adquirida con muchos pacientes (algunos veo de ventipico que siguen yendo) y también con muchos hijos y nietos propios. Que la frase que más le escucho sea “es normal” (ante mis preguntas sobre por qué no come, por qué no duerme, por qué se enfermó si yo lo abrigué, por qué, por qué, por queeeeeeee).

Ahora mi hijo mayor tiene dos años, el menor unos pocos meses, así que ya tenemos una “relación de años” con el (¿nuestro?) pediatra. Nunca, pero nunca, me imaginé que iba a ser alguien tan importante para mi. Ni que el pediatra iba a ser tema en las (pocas) charlas que puedo tener con mi marido (jaja). Nunca me imaginé que me iba a importar tanto su opinión sobre básicamente todo lo que pasa en las vidas de mis hijos (la comida, el sueño, el baño, el jardín!). Y nunca me imaginé que si nos mudábamos a varios kilómetros, tomaríamos la decisión de seguir con él.

Yo creía que valoraba la practicidad sobre todas las cosas, pero no sabía que además en mi nuevo rol de madre iba a valorar tanto la experiencia y la contención. Así que ahora, si alguien me preguntara, mi conclusión sería “conócete a ti mismo, y sabrás qué tipo de pediatra necesitas”.

¿Y ustedes qué valoraron al elegirlo? ¿Creen que fue una buena elección? ¿También creen que es alguien fundamental en sus vidas? Cuenten…

¡Hasta la próxima!

Vale

pd: fuente foto: http://www.acasalud.com.ar/upload/noticias/pediatra.jpg

 

 

 

 

Libro de cabecera

guía para padres

¡Hola! Hoy quiero compartir otro libro que me regalaron en los primeros días de Toby: la Guía para padres del Dr. Zalman Bronfman.

No sé si les pasó, pero como madre primeriza tenía esa sensación terrible de que no sabía nada de lo que tenía que hacer. Además de escuchar los consejos y opiniones de todas las madres cercanas,  y la palabra autorizada del pediatra, traté de leer todo lo que tenía a mano.

Esta guía para padres llegó a mí con un plus: el Dr. Bronfman, además de haber sido un médico muy reconocido, fue el pediatra de mi marido y sus hermanos durante toda su infancia y adolescencia. Había escuchado varias anécdotas de admiración, historias de enfermedades curadas y un cariño muy especial de toda la familia. Lamentablemente, murió hace unos años así que no era una alternativa como pediatra de nuestro hijo.

El libro está organizado en capítulos y secciones que hacen que sea muy fácil encontrar las respuestas a cualquier duda. Y también está escrito en un estilo simple que lo hace entretenido e interesante para leer de corrido. Abarca los temas claves desde los primeros días, como la alimentación, el sueño y el juego; y otros que van apareciendo con el tiempo: los dientes, los caprichos, el jardín, la llegada de un hermano, y un montón de otras cosas que nos esperan ahí adelante. Además, Bronfman era médico homeopático,  y su libro tiene un capítulo muy interesante y completo sobre el tema.

Yo lo imagino como un abuelo-médico que me da su apoyo cuando estoy preocupada por algo: siempre es una palabra profesional y experta. Por supuesto nunca reemplaza al pediatra ante un problema de salud, y a veces no estoy del todo de acuerdo con sus opiniones, pero siempre me interesa y disfruto de su consejo. Su visión sobre el chico y la familia en general me parece llena de calidez y sentido común.

En su prólogo, Bronfman dice: “Cuando dude qué hacer, haga lo que le dicte el corazón. Su instinto de madre es mucho más importante que mil teorías juntas. Las teorías pueden pasar de moda, por equivocadas. El instinto maternal es el mismo desde hace cientos de años. Nadie en el mundo puede ser para su hijo mejor madre que usted”.

Va pasando el tiempo y voy confiando más en mi instinto y adquiriendo una experiencia que me da más seguridad (es la vida creo), pero algunos libros, como este, siguen ahí para consultar, releer o redescubrir en cada nueva etapa de Tobías.

¿Y ustedes? ¿Tienen un libro de cabecera para recomendar?

¡Hasta la próxima!

Vale